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“Debemos generar un pacto por inversión, y eso no es tan sencillo”

19 de marzo 2023.

En este contexto, para el exministro de Patricio Aylwin, “se requiere que los proyectos puedan prosperar en tiempos adecuados y lograr que medio ambiente e inversión sean complementarios y no opuestos”. Agrega, además, que lo más importante para el oficialismo es “lograr un derrotero común”. Matías Bakit R.


Ubicada en el piso 24 de un edificio en Providencia, la sala de reuniones de Imaginacción tiene una vista privilegiada que abarca, sin obstáculos, el resto de la comuna hacia el sur, e incluso Santiago, hasta donde alcance la mirada.

Es, quizás, una metáfora adecuada para el principal ocupante de esas oficinas. Alguien cuya mirada e influencia en la política nacional llega también lejos: el exministro y presidente de la consultora, Enrique Correa.


Relajado, ataviado con uno de sus chalecos “regalones”, quien fuera vocero de Aylwin cuenta a “El Mercurio” que hoy su mirada está puesta en lo que viene para el Gobierno. Un gobierno sobre el que es y quiere ser optimista, aunque también se muestra cauto, reconociendo los desafíos que vienen.

“El primer año siempre es muy especial, pero la evaluación más global habrá que hacerla en más tiempo. Quizás a los dos años sepamos qué pasó con el Gobierno”, dice, consultado sobre lo que va de la administración de Gabriel Boric, la que considera “ha ido de menos a más”.

—¿Cómo así?


—El Gobierno partió con un aire refundacional. Pero se desvaneció para terminar enfrentado a una realidad tremenda, la derrota del 4-S, que para el Gobierno fue muy dura, pero que a su vez fue letal para los aires que había. Además, el Gobierno empezó levantando a Apruebo Dignidad como su principal coalición, y al Socialismo Democrático como un aliado.

“Hoy el camino es distinto. No para asumir el programa de Socialismo Democrático, sino para converger en un derrotero común, que se podría resumir como Estado de bienestar, una economía sólida, en un país seguro. Se llevó el discurso inicial a un discurso de orden, en el que se busca gobernar el país que tienen, no el que quisieran tener, como dijo la ministra Tohá”.


—¿Por qué cree que no funcionó esa primera idea?


—Nunca he creído que ese tipo de discursos sirva, porque el país debe vivir siempre una tensión entre cambio y equilibrio. El discurso refundacional no es una buena idea para gobernar.


—Entonces, hoy, tras el primer año, ¿dónde está situado el Gobierno?


—El Gobierno está evolucionando hacia ser de centroizquierda. Está ganando, cada vez más, una identidad socialdemócrata. Eso no quiere decir que deba renunciar a sus principios, convicciones ni planteamientos, pero es distinto proponer a gobernar. Uno puede proponer muchas cosas. Pero gobernar es hacerlo con respeto a lo que la ciudadanía quiere, y combinar eso con las convicciones propias.


—Pero ¿el Presidente eligió ir hacia allá o lo está llevando la corriente?


—El Presidente se está orientando a un gobierno más socialdemócrata, aunque entre sus ideas originales estaba reemplazar al socialismo. Pero eso ya no es así.

“Sin embargo, por ahora la gente no está percibiendo que este gobierno sea un gobierno distinto al que empezó”.


—¿Existe un problema de conexión con la gente?


—La gente tiene una cierta indiferencia al discurso político. Por el contrario, juzga a los gobiernos con respecto a su gestión. Ese es el punto clave del vínculo entre la ciudadanía y el Gobierno, no el discurso. Desde ese punto de vista, el Gobierno arrastra un déficit de gestión severo. La subejecución en varios ministerios lo demuestra. Es algo que ahora se busca resolver con el cambio de subsecretarios.


—Ese cambio, ¿logra resolver el problema?


—Más que cualquier otra cosa, el Gobierno debe trabajar, y ha estado haciéndolo, en acuerdos. En el de seguridad y el tributario, que ahora ha sufrido un traspié. Cuando los gobiernos tienen fragilidad, lo primero que tienen que hacer es reconocerla. Y hay un solo antídoto, que son los acuerdos.


—Pero uno de esos acuerdos, como usted dice, ya no está funcionando...


—Después de lo ocurrido, hay que reflexionar, aunque sin pacto tributario el país no ganará estabilidad, ni certidumbre. Hay que tener más cuidado con las votaciones. Tenemos un acuerdo de seguridad que debe ser suscrito. No hay razón para que la oposición no concurra.


“Pero además de eso, el Gobierno debe tener claro que una buena gestión no necesita adornos, discursos. Por ejemplo, la gestión con relación a los incendios fue muy buena, pero apareció la tentación y entró el tema de las forestales. Eso enredó el debate. Da la impresión de que cuando se está haciendo una buena gestión, a una cierta cultura refundacional le parece poco. La clave es gestionar con las leyes y presupuestos que hay ahora”.


—En este primer año, el Gobierno no hizo eso. De hecho, relacionó su capacidad de gestión con el éxito de la Convención...


—Siento que rondaron dos ideas erróneas en la coalición política e incluso en el gabinete. Una, que se iba a aprobar la Constitución, y por tanto las reformas dependían de esto, y otra que se iba a aprobar la reforma tributaria en el curso del año y que habría dinero para llevar adelante esos proyectos. Era una reflexión simplista.


“Las reformas, cuando no tienen mayoría en el Congreso, dependen de los acuerdos. Y la suerte de la Convención era incierta. Lo que correspondía más bien era separar la función de gobernar del desarrollo del organismo, y no estar en una especie de compás de espera”.


—¿Ud. cree que la ministra Tohá gobierna, como plantea Carlos Peña?


—Ese es un recurso más bien discursivo. En un régimen presidencial eso es imposible. Las facultades del Presidente de la República son inmensamente superiores a las de un ministro.


—Ella plantea también que en este segundo año el Gobierno “debe renovar la promesa al pueblo de Chile”. ¿Qué cree que implique la renovación?


—Hay que poner de nuevo de relieve el derrotero. Estado de bienestar, buena economía en un país seguro. Esos tres asuntos reúnen y reorganizan las prioridades.


“Además, debemos sostener la gestión económica, que ha sido ejemplar, la base del Gobierno, y generar un pacto proinversión, y eso no es tan sencillo. Requiere estímulos y facilidades. Por un lado, requiere que los proyectos puedan prosperar en tiempos adecuados y lograr que medio ambiente e inversión sean factores complementarios y no opuestos”.

—¿Cuál es el riesgo si no se logran estos acuerdos en el segundo año de gobierno?


—Estas reformas, esos cambios, esos acuerdos, son el mejor modo de fortalecer la democracia, porque si no se logran, el populismo autoritario, la derecha dura, va a ganar terreno.


—¿Concuerda con Eugenio Tironi en que es importante para el país que la izquierda salga bien parada de este gobierno?


—Para mí es muy importante que tanto la centroizquierda como la centroderecha salgan bien paradas, consistentes, con capacidad de poder contener a sus extremos.


“Tener dos coaliciones es como tener dos cuerpos”


—¿Qué efecto puede tener en la centroizquierda que el PS y el PPD vayan en listas separadas a la elección de consejeros?


—Esos temas son netamente electorales. Fue un error convertirlos en un tema de trascendencia política más grande de lo que es. Probablemente, no fue lo mejor que el Presidente también se haya involucrado.

“De todas formas, es cierto que tiene sus riesgos. Uno es que las dos listas que apoyan al Gobierno tengan una fuerte beligerancia entre sí, que genere heridas difíciles de recuperar. Y otro es que como el PS se fue en una lista con Apruebo Dignidad, esto no represente el fin del Socialismo Democrático, que está empezando a interpretar al centro político del país. Hay que resguardar la trascendencia política del Socialismo Democrático”.


—¿Puede el Presidente ordenar a sus dos almas de gobierno?


—Siempre hubo dos almas. Por ejemplo, los autoflagelantes con los autocomplacientes, que eran corrientes inmensas, con ministros, subsecretarios, con todo. Cada una de esas tendencias tenía fuerza para gobernar por sí misma. Pero es distinto a tener dos coaliciones. Es como tener dos cuerpos. Si bien el Presidente ha ido orientando todo en dirección al Socialismo Democrático, también siente que tiene la obligación de dar satisfacción a su sector de origen. Eso a veces lo ha hecho bien, a veces no tan bien.


“Un ejemplo fueron los indultos. Estaban en su programa, todos los presidentes han hecho indultos. Pero el punto es la oportunidad. Y en este caso, no fue lo mejor hacer un indulto en vísperas de un acuerdo de seguridad”.

—Y al bloque de Apruebo Dignidad, ¿lo ha visto alineado?


—Hay temas que a veces son más sensibles para ellos, como el tema de seguridad. En ese tema he visto más alineado al Socialismo Democrático, pero nada dramático.

“Pasar a un Estado de bienestar es una segunda transición. Es un proceso largo que va a cambiar al país. Y en ese escenario, lo más importante es el derrotero común. Incluso más que juntar a las dos coaliciones”.


50 años: “Hay que trabajar por que el diálogo siempre se imponga”


—¿Cuál es, para usted, la importancia de la conmemoración de los 50 años del Golpe?


—Lo primero es decir que el Golpe de Estado fue un crimen. Y los crímenes no se explican con contextos o razones. Son crímenes. Partió al país en dos, representó el primer paso para un período de mucha oscuridad para muchos chilenos.


“Por eso hay lecciones que sacar. La primera, es que se debe hacer un compromiso explícito de que jamás ninguna fuerza política va a promover, apoyar o justificar un golpe de Estado. Nunca. Hay que promover la renuncia completa a ese camino. Y en segundo lugar, hay que trabajar por que el diálogo y la negociación siempre se impongan a la confrontación”.


Recuadro

'Pasar a un Estado de bienestar es una segunda transición. Es un proceso largo que va a cambiar al país'.


'El Gobierno está evolucionando hacia ser uno de centroizquierda. Está ganando, cada vez más, una identidad socialdemócrata'.


El Mercurio

10 de abril 2022


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