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RADIOGRAFÍA DE UNA CRISIS
1 septiembre, 2017

A pocos meses del fin del Gobierno, una nueva crisis estalló en La Moneda. En un hecho inédito, el equipo económico completo cesó en sus funciones, lo que constituye una de las señales más graves hacia los mercados que, en tiempos de desaceleración, precisan más que nunca de certezas y tranquilidad para arriesgar capital e invertir. La renuncia de los Ministros de Hacienda y Economía junto a la del Subsecretario de la Cartera de Hacienda, también marcó otros records: por primera vez se registran tres Ministros de Hacienda en un solo gobierno y en una expresión compleja desde el punto de vista político; la autoridad saliente se adelanta a un anuncio presidencial y hace una declaración previa al cambio de Gabinete, donde reafirma que es él quien renuncia. Por si todo esto no fuera suficiente, queda en evidencia con lo acontecido la vulnerabilidad alcanzada en esta administración de la cartera de Hacienda, uno de los cargos más sólidos históricamente y que en la actual Administración ha sufrido dos cambios, ambos revestidos de gran dramatismo.

Como acto final de este melodrama, juraron en reemplazo de los Ministros salientes, Nicolás Eyzaguirre (PPD) como Ministro de Hacienda, Gabriel de la Fuente (PS) como Ministro SEGPRES y José Rodríguez Grossi (DC) como Ministro de Economía.

 

Clave1. La falsa disyuntiva: Las palabras de despedida del ex Ministro Rodrigo Valdés fueron elocuentes para graficar las insalvables diferencias al interior del Gobierno, tras el rechazo al proyecto Dominga. “Una serie de consideraciones me impiden que pueda continuar cumpliendo mi rol como Ministro de Hacienda”, dijo, agregando que “Avanzar sostenidamente hacia mayores niveles de crecimiento requiere disciplina y convicción del Gobierno, y abrir espacios para que el sector privado pueda desplegar su iniciativa con reglas claras y estables, pero creo que no logré que todos compartieran esta convicción”. Su declaración, austera y correcta en las formas, dejó no obstante, establecida con total claridad la situación terminal en la cual quedó luego de que la Presidenta Bachelet desautorizara públicamente su posición crítica respecto de la actuación del Comité de Ministros, cuando dicha instancia decidió rechazar un proyecto de inversión que ya contaba con la recomendación favorable de todas las instancias técnicas y de evaluación de impacto medio ambiental. “Hay gente que cree que si uno se preocupa por el medio ambiente la economía no va a seguir creciendo. Y sí se puede, sólo hay que ponerse otros anteojos”, sancionó la Mandataria, en total respaldo a lo obrado por el Comité.

- Los problemas que refleja esta crisis, con tan lamentables y graves consecuencias, son de fondo y tienen su raíz principal en la forma como opera el propio Ejecutivo. Los lineamientos de una Administración deben ser claros para todo funcionario público, especialmente para el Gabinete. La metáfora entre un Gobierno y una orquesta afinada y afiatada, que toca armoniosamente tras la batuta de su director no es antojadiza. Y es evidente que dicha metáfora no ha operado en lo que ha proyectado el gobierno.

 

- El ejercicio del liderazgo presidencial debería partir por expresarse en el propio equipo gubernamental, en particular de su Comité Político. Llama la atención la evidente falta de capacidad para alinear internamente al Gabinete, orientar sobre los cursos de acción, alertar sobre los riesgos que se enfrentan en cada coyuntura crítica o que problemas de difícil decisión no tengan una adecuada evaluación político-comunicacional. Tampoco parecieran asumir responsabilidades los asesores más cercanos de la Presidencia, especialmente porque es difícil concluir que la Mandataria hubiera querido provocar esta crisis, buscando la salida de todo el equipo económico a seis meses del fin de su gobierno. Independientemente de todo ello, lo que se proyectó fueron contradicciones públicas entre Secretarios de Estado, desorden en las filas gubernamentales y una evidente ausencia de “alerta temprana”, que es la base para una buena marcha de un gobierno.

 

- El equipo económico debió contar con una señal clara desde Presidencia, respecto de la priorización de una decisión política por sobre una técnica, en el caso Dominga. Por el contrario, producido el vacío de conducción del conflicto y explicitadas públicamente las contradicciones internas, tampoco hubo un golpe de timón que alineara posiciones para un discurso único de Gobierno sobre el particular. Con cada autoridad dirigiendo su propia suerte, la sucesión de declaraciones y la escalada del conflicto terminó con la peor de las salidas: la Mandataria sacrificando públicamente a su Ministro de Hacienda, dejándolo en una posición insostenible para continuar su labor.

- Por otra parte, el destino del Proyecto Dominga y su errática tramitación, han vuelto a poner en entredicho el buen funcionamiento de la institucionalidad de evaluación ambiental, así como el real imperio de las normativas vigentes. Antes, fue el episodio Barrancones el que suscitó las más duras críticas a la autoridad de la época. Hechos como éstos instalan un peligroso espacio para la duda y la desconfianza. Una suerte de ambigüedad respecto del respeto a la institucionalidad, que podría derivar en consecuencias muy negativas para nuestra imagen de país serio y sólido.

 

- En Chile hay consenso sobre la necesidad de reactivar la economía e impulsar el crecimiento. En tal sentido y ad portas de la discusión del Presupuesto 2018 que enviará prontamente el Ejecutivo al Congreso, del debate por la Reforma de Pensiones y de la última negociación para el reajuste salarial del sector público, entre otras tareas, el desafío para el Ministro de Hacienda entrante es, sin duda, muy alto. Se esperan de él señales de estabilidad y claridad sobre los ejes de su gestión y la del gobierno en materia económica. En esa dimensión resultan paradógicas sus primeras declaraciones que remarcan que su prioridad va a ser el “crecimiento, crecimiento y crecimiento”. Especialmente, porque ha sido histórica la existencia en la coalición de centro izquierda de dos sensibilidades. En el primer gobierno de Bachelet éstas se expresaron en los múltiples roces entre el hoy diputado Osvaldo Andrade y el Ministro Andrés Velasco. Por lo demás, la dupla Eyzaguirre/Rodríguez, se inauguró exitosamente en la hoy criticada gestión del Presidente Lagos. Si las diferencias entre esta dupla y la anterior no son ideológicas ni políticas, ¿que justificaría su cambio? No queda otra alternativa que pensar que esta crisis fue un profundo error y una herida auto infingida.

- Cuesta entender cómo el Gobierno transformó lo que parecía una buena quincena en uno de sus momentos más tensos y críticos. De alguna forma, la Administración Bachelet había retomado protagonismo en la agenda pública con una serie de logros que, aunque no formaban parte de lo que fue planificado en el inicio como lo que sería su legado, sí constituyen un cambio importante para la construcción de un Chile moderno, progresista, más justo e inclusivo. El fallo del Tribunal Constitucional respecto de la Ley sobre Aborto por Tres Causales terminó por consagrar la libertad de decisión de la mujer y, aunque amplía la objeción de conciencia de los profesionales y equipo médico a las instituciones, el Ejecutivo pudo dar por cumplido exitosamente su objetivo. También fue enviado esta semana el Proyecto de Ley sobre Matrimonio Igualitario. Con ello, La Presidenta podría haber mostrado un legado importante en el ámbito de los llamados “temas valóricos” y construido un discurso positivo y potente al término de su Gobierno. Es evidente que esta crisis echa por tierra tal posibilidad.

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