Crisis y Pandemia. Reforma de la salud pública.

Enrique Correa Ríos

Presidente Imaginaccion Consultores / 13 de octubre 2020

El miércoles 14 de octubre, con el auspicio de Imaginaccion se llevará a cabo un coloquio sobre reformas al sistema público de salud, más en concreto, una reforma a los prestadores públicos del país.

 

Seremos sólo los anfitriones de un grupo de profesionales de gran nivel que ha reparado una propuesta de reforma que expondrán en el coloquio.

 

A propósito del evento, resultan oportunas algunas reflexiones.

 

Hemos sido severamente afectados por una pandemia que en un primer momento se creyó más breve y con un número menor de casos. Tanto así que se anunció, prematuramente, el retorno a una nueva normalidad. La apuesta falló, el virus se expandió y la crisis se prolongó.

 

Se produjo un brusco cambio en el estado de ánimo, en los sentimientos predominantes de la gente. Desde octubre a marzo el sentido común estaba empapado en demandas, movilizaciones, crítica  radical a la autoridad, esperanzas de un cambio mayor. Valga la pena decir, que estas demandas, este sentido común crítico a la autoridad, tuvo una brusca mutación con el surgimiento de la pandemia. Donde había demanda y enojo, apareció el temor, el temor a morir o a que los cercanos murieran. Temor a morir acompañado por el temor a no subsistir, por las duras consecuencias económicas de las medidas sanitarias para combatir el virus.

 

La pandemia, si bien pasó su peor momento, hasta hora, se ha quedado con nosotros, como han dicho los especialistas, como una endemia alta en casos, que probablemente permanecerá así hasta la vacuna.

 

Por su lado, la crisis económica ocasionada por la crisis sanitaria, si bien llegó a su punto más bajo, dista de reflotar, si bien los números de las cifras mensuales de la economía son gradualmente más bajos, nos va quedando una aguda cicatriz, un desempleo que puede prolongarse mucho en el tiempo. El desconfinamiento lo ha ido acotando, pero tendremos desempleo de dos dígitos por un rato. Los niveles de empobrecimiento de la gente son inéditos en estas décadas y afectan especialmente al segmento de la clase media más vulnerable. La nueva clase media emergente que llegó a esta condición en las últimas décadas.

 

El camino es estrecho y si bien tendremos un plebiscito que apunta al futuro, nuestro presente es agobiante. Un virus que no sede y una recuperación más lenta, más fatigosa y más insegura, con las idas y venidas de la epidemia.

 

Ese estrecho desfiladero por el que caminamos deja poco espacio a grandes discrepancias y es más bien un fuerte incentivo a los acuerdos para enfrentar tan terrible situación.

 

Una lectura con alcance al mediano plazo de lo que nos ocurre, nos muestra una economía fuerte que cae pero no colapsa, un sistema político atravesado por muchas dificultades y deterioro, pero que sigue funcionando y una sociedad que se ha desplomado con la misma intensidad en que aumenta la pobreza y aumenta el número de hogares que dependen del estado.

Si tuviéramos que apuntar hacia donde se dirigiría un nuevo acuerdo de largo plazo, tendría que ser uno que por un lado cuide las fortalezas de nuestra economía y por otro construya un estado de bienestar, que aumente gradualmente la protección social de los chilenos.

 

Los chilenos, la gente común, no busca grandes revoluciones, pero sí exige y pugna por el acceso a bienes públicos de calidad. Su reclamo principal, la desigualdad, se traduce en el enojo, en la indignación que le ocasiona la desigualdad en el acceso a esos  bienes públicos. La salud está en el primer lugar de este ranking, junto al trabajo, los bajos salarios y las pensiones.

 

Un punto clave entonces, es acometer pronto una reforma mayor que apoye, mejore y eleve la capacidad de servicio del sistema de salud púbica. La salud pública, así como la red de salud público privada, han ganado mucho prestigio en estos meses, todos saben que sin ellos y su trabajo incansable la tragedia habría sido mayor. El esfuerzo ha sido sobrehumano y ello es reconocido por todos. No por nada médicos y alcaldes encabezan el ranking de reputación. Los dos actores de la salud pública que ganan fuerza y prestigio, son los hospitales y los servicios de salud locales y zonales. Los hospitales, allí donde la gente se salva, los servicios locales, allí cerca de donde está el bicho.

Esos son, en verdad los dos pilares de una futura reforma. Dar autonomía, recursos, capacidad de tomar decisiones a los actores de la salud territorial, los que conocen el riesgo, los que están cerca de los que se enferman, los que saben cómo prevenir, como desarrollar planes de prevención cercana a la gente, a la medida de ellos, que tengan en cuenta el hogar, la familia, el barrio. Los hospitales, que demostraron como enfrentar la crisis, deben aumentar sus facultades e independencia y liberados de cargas burocráticas por encima de ellos, que sólo dificultan el ejercicio versus obligaciones. Ese es el quit del asunto.

 

Por otro lado, el combate a la pandemia, demostró que era perfectamente posible integrar una red público-privada de salud. Esta red ha sido la clave de la contención de la epidemia, puede ser también el germen de un sistema integrado de salud, con un sub sistema público y otro privado, fuertemente vinculados entre sí.

 

La autoridad, el ministerio seguirá, en cualquier esquema, siendo la piedra angular de la salud chilena, pero derivando cada vez más a la formulación de políticas públicas, a velar por su aplicación y a regular y fiscalizar su funcionamiento. Alejándose de la gestión directa.

 

Así las cosas, nuestro sistema de salud tendrá como rieles básicos los servicios de salud territorial y los hospitales, los unos con recursos para prevenir y contener, los otros con recursos para curar, para sanar y con independencia para gestionar y ordenar sus propios recursos. Estos serán también actores relevantes en la colaboración con el sector privado de salud y la construcción de un sistema cada vez más unificado.

 

Qué duda cabe que esta es la discusión que viene, inmediatamente después que resolvamos un buen acuerdo en reforma de pensiones, que mejore la jubilación y ponga en otro nivel la dignidad de las personas mayores de nuestro país.

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