top of page

La 'indignancia' como receta

Por  Alberto Luengo - consultor asociado de Comunicación Estratégica Imaginaccion

La Segunda / Columna de opinión

25 de junio 2026

Hace poco más de una década, sentarse a ver las noticias de la TV era una actividad cotidiana, transversal y hasta placentera para las familias chilenas.

Pero, en algún momento, los números del rating comenzaron a mostrar que ciertas notas eran más efectivas si incorporaban elementos que gatillaban la molestia difusa del ciudadano hacia responsables directos, con nombre y apellido.

En las salas de prensa de los canales se le comenzó a llamar 'la indignancia'.

El fenómeno se cruzó con la popularización de los smartphones que permitieron a cualquier chileno captar una situación vergonzante susceptible de generar indignación y enviarla a los canales, que la convertían en una nota.

Después vendría el acceso casi universal a las omnipresentes cámaras de televigilancia y la 'indignancia' se convirtió en el ingrediente secreto del cóctel noticioso.

La contracara de este fenómeno, sin embargo, es la creciente desconfianza de las personas en las noticias televisivas, como lo documentan múltiples estudios de consumo informativo en Chile.

Un informe de Feedback y la Universidad Católica de Valparaíso es revelador: una de cada tres personas consume noticiarios de televisión a diario, universo dominado por mujeres mayores de 60 años y de segmentos medios y bajos.

Lo más preocupantees la credibilidad: ningún canal de televisión alcanza el 4 en una escala de 1 a 7.

La TV es la segunda plataforma informativa más asociada a noticias falsas, con 28,2% de las menciones, solo por detrás de las redes sociales.

Consideradas en su conjunto, las redes sociales y la TV son la principal fuente informativa de los chilenos y ambas presentan severas distorsiones.

Más o menos en la misma época en que los canales descubrieron la 'indignancia', los algoritmos de redes sociales ya lo habían hecho por su cuenta: la permanencia y la actividad de los usuarios aumentaban cuando los contenidos atizaban miedos, prejuicios y rabia.

Al final, la denuncia extrema y muchas veces sin mayor sustento ha alejado de la televisión a jóvenes y personas de ingresos medios y altos.

La encuesta CEP lo muestra con claridad en su última entrega: la TV y las redes sociales se ubican casi al fondo de la tabla de las instituciones más confiables, solo superando vaya paradoja al Congreso y a los partidos políticos.

El resultado es, por decir lo menos, indignante. 

bottom of page