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Peligrosa polarización municipal

Por Claudia Miralles, gerenta de Comunicación Estratégica Imaginaccion

La Segunda  / Columna de opinión

7 de agosto 2026

Los municipios son el primer punto de encuentro entre las personas y el Estado. Es allí donde las políticas públicas adquieren un rostro humano y llegan a la comunidad que demanda respuestas. La gestión local recuerda cada día que la misión del Estado es escuchar, resolver y generar confianza a partir de resultados concretos.

 

Las últimas semanas lo demostraron con claridad. Nuevamente fueron los municipios los que estuvieron en la primera línea cuando las intensas lluvias afectaban desde Coquimbo hasta de Los Lagos. La crisis volvió a confirmar el valor estratégico de los gobiernos locales que estuvieron desplegando equipos de emergencia, coordinando ayudas y respondiendo con rapidez gracias a su conocimiento del territorio.

 

Sin embargo, esa cercanía con la ciudadanía no los ha inmunizado frente al clima político que vive el país. La disputa por protagonismo político y visibilidad mediática ha trasladado la lógica de la polarización nacional al ámbito local. Hoy el municipalismo enfrenta el riesgo de convertirse en un nuevo escenario de confrontación. Eso sería muy lamentable.

 

Mientras los alcaldes respondían a la emergencia, el debate sobre las contribuciones y el financiamiento del Fondo Común Municipal reabrió antiguas tensiones entre oficialismo y oposición. La discusión rápidamente quedó atrapada en las mismas trincheras ideológicas de la política nacional, con descalificaciones personales y tensiones internas que no se habían visto en el ecosistema municipal.

 

En este contexto, la ciudadanía puede legítimamente preguntarse si estarán debatiendo sobre un sistema de financiamiento más justo para responder a las necesidades de los territorios o librando una batalla de posicionamiento personal y descalificación del contrario para bloquear sus aspiraciones políticas.

 

Esta tensión preocupa porque el rol municipal no solo consiste en administran el aseo o las áreas verdes; también son actores clave en seguridad, desarrollo social, salud primaria, reactivación económica y gestión comunitaria.

 

Chile ha demostrado que la colaboración transversal es posible cuando el bienestar de los vecinos está al centro, cuando los acuerdos están al servicio de grandes causas. Ocurrió durante la pandemia con la red de salud primaria, en la coordinación frente a incendios forestales y, más recientemente, en seguridad ciudadana, donde alcaldes de distintos sectores han impulsado convenios para compartir tecnología, patrullajes e inspección en zonas limítrofes.

 

También lo han hecho la Asociación Chilena de Municipalidades y la Asociación de Municipalidades de Chile al unir posiciones para fortalecer el financiamiento local y defender la salud municipal.

 

Sabido es que las alcaldías son una plataforma de liderazgo político nacional. Esa mayor visibilidad y cercanía puede fortalecer la democracia y sintonizar la escucha ciudadana si, y solo si, está al servicio de las personas, pero puede desvirtuar la función municipal si la lógica del enfrentamiento comunicacional termina desplazando a la gestión. Ese es el principal riesgo.

 

La competencia política es parte de la democracia, pero no debería impedir la colaboración para resolver problemas cotidianos. Por eso, cuando la disputa partidaria se instala en el nivel de gobierno más cercano a la ciudadanía, quienes pierden son precisamente quienes más necesitan respuestas rápidas y eficaces.

 

La fortaleza del municipalismo nunca ha estado en la capacidad de instalar titulares, sino en transformar la vida de las personas desde el territorio. Si la polarización termina debilitando esa misión, no solo perderán los municipios: perderá también la confianza ciudadana en la institución pública que, por definición, debería estar más cerca de las personas.

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