El revival de la geopolítica
Por Ignacio Imas, gerente asuntos públicos Imaginaccion
La Segunda / Columna de opinión
11 de junio 2026
Un concepto ha regresado con fuerza: la geopolítica.
El propósito de esta columna no es dictar cátedra sobre su definición, sino celebrar que estamos redescubriendo por qué los Estados y los actores globales toman las decisiones que toman, y cómo esas movidas moldean irremediablemente nuestro entorno.
Chile posee una economía hiperabierta, reglas institucionales claras y un sistema de partidos que, pese a sus tensiones, busca resguardar su estabilidad.
Ello nos otorgó durante años un papel excepcional en la región, empujándonos hacia el peligroso espejismo: creer que nuestros problemas son endémicos y exclusivos.
Pero hace un tiempo hemos superado esa visión limitada. ¿A qué responde este cambio? La contundencia de los hechos es irrefutable.
Enfrentamos un volumen de información y una hiperconexión sin precedentes, lo que nos expone al mundo en tiempo real, aunque también a la desinformación.
Donald Trump ha desmantelado la arquitectura global que Washington construyó hace casi un siglo, y aceleró el giro desde una diplomacia estilo tutelar hacia una transaccional, dejando vacíos para que actores como China e India generen alianzas con Occidente que hasta hace unos años parecía impensadas.
Los conflictos bélicos también han demolido nuestra indiferencia geográfica.
Las guerras ya no son solo hechos que ocurren en lugares que nos parecen lejanos o ajenos; son golpes directos a la línea de flotación de los mercados.
Entendemos que un misil o un dron al otro lado del mundo dicta el precio del pan en nuestra mesa o el costo de llenar el estanque de combustible.
A estas disrupciones palpables se suman fuerzas silenciosas, pero igualmente transformadoras, como el desarrollo de la Inteligencia Artificial; o al menos esa falta de ruido para nuestro país.
Aunque todavía nos cuesta dimensionar su impacto cotidiano, intuimos que su gobernanza y su influencia sobre el poder de los Estados se están decidiendo en este preciso instante.
Aún estamos pendientes únicamente de sus beneficios, pero hay una porción del planeta que no ve esa sola dimensión positiva.
Lo mismo ocurre con las crisis climáticas o sanitarias; amenazas que seguimos observando con cierta pasividad, pese a que el comportamiento de terceros define nuestra propia viabilidad futura.
Probablemente no exista otro momento en la historia donde los cambios ocurran con esta ferocidad y, al mismo tiempo, seamos también conscientes de ellos.
Ahí radica el peso de la geopolítica contemporánea.
Este escenario engendra incertidumbre, ansiedad y un estado de alerta permanente.
Tomar decisiones a mediano y largo plazo ha perdido la solidez de antaño, convirtiendo la planificación en un acto de resistencia, para los Estados, para el sector privado y también para los ciudadanos de a pie.
El largo plazo, que antes era la regla, se ha vuelto excepcional.

