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Eufemismos y disfemismos en campaña

Por  Alberto Luengo - consultor asociado de Comunicación Estratégica Imaginaccion

La Segunda / Columna de opinión

6 de noviembre 2025

En una reciente columna de opinión, el periodista Alex Grijelmo, experto en lenguaje, hacía notar la dinámica que se esconde detrás del cambio de denominación del Ministerio de Defensa de Estados Unidos, renombrado por Donald Trump como Ministerio de Guerra. 'Lo hace, y le gusta, porque un eufemismo (como 'Defensa') tiende a endulzar, paliar, rebajar, esconder algo. Y Trump no busca eso, sino lo opuesto: dar miedo'. Grijelmo califica de 'disfemismos' a estas nuevas palabras del lenguaje guerrero en la política, que son lo opuesto a los 'eufemismos' que solían utilizar los candidatos, quizá en exceso, en la época de la corrección política y el auge woke. Ahora se habla sin tapujos de instalar minas personales en la frontera, de sacar a los 'atorrantes' y 'parásitos' del gobierno, de ofrecer a los delincuentes 'cárcel o bala', de reponer la pena de muerte y hasta coquetear con la idea de una 'guerra' contra Bolivia. La intención es provocar miedo, usando las palabras más agresivas posibles, para responder al miedo dominante por la situación de seguridad y delincuencia.

En la política tradicional, siempre se han usado los eufemismos para reencuadrar narrativas, esconder un error y venderlo como un acierto. En la nueva política, en cambio, se trata precisamente de lo contrario: que el candidato o candidata proyecte la imagen más dura, guerrera y amenazante posible, que es todo lo contrario a la búsqueda de acuerdos y consensos que se privilegiaba en el pasado. En tiempos en los que Nayib Bukele es el presidente más admirado por los chilenos, conviene preguntarse por el valor de las palabras en la actual campaña. Porque cuando se declara una guerra contra un enemigo bien armado y bien escondido en sectores populares, como es el crimen organizado, se puede terminar en medio de un polvorín o de una matanza, como ha ocurrido recientemente en las favelas de Río de Janeiro. Y todo esto aterra porque, como decía Alex Grijelmo, 'las palabras de la violencia suelen preceder a la violencia'. Bienvenidos al mundo de los disfemismos.

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