Pandemia: Crisis sanitaria y crisis económica. Notas políticas
30 ABRIL, 2020

Por Enrique Correa Ríos, Presidente de Imaginaccion

El país ha sufrido convulsiones inmensas en los últimos meses.

 

El estallido social o crisis social en el que convivieron demandas justas, muchas de ellas urgentes, con grados de violencia inéditos y generalizados.

 

El escenario político tuvo un cambio abrupto. Con un Presidente elegido por una gran mayoría, con su estabilidad puesta en juego. El orden público desafiado sin remedio. Un acuerdo político de gran envergadura que sólo tiene parangón con los grandes acuerdos que cimentaron el éxito de la transición. Un acuerdo que salvó al Presidente y estableció un camino institucional para una nueva constitución, acuerdo que sin embargo, no logró atenuar las movilizaciones, ni poner bajo control a la violencia.

 

El país había cambiado el 18 de octubre en 48 horas.

 

Entramos en marzo con un Presidente debilitado, con las ciudades encendidas por las protestas y con las fuerzas políticas tratando, no sin dificultades de salvar el acuerdo y mantenerlo vigente.

 

Así empezó marzo, cuando el mes terminó todo lo anterior era el pasado, el sentido común de la gente común se trastornó, donde había rabia, malestar protestas, apareció el miedo a la enfermedad, el miedo a la muerte, la propia o la de seres queridos. El miedo se transformó en nuestra música de fondo. En el libreto que ordenó nuestras vidas. Empezamos marzo con un país y terminamos en otro cuando le mes terminó.

 

Dos consideraciones de este vaivén.

 

Uno, ayer todo lo que era elite era denostado, hoy todos escuchan a la autoridad. Alguien que nos guíe, alguien que nos salve, alguien que nos proteja.

 

Ayer las elites debían hacer sus maletas y desaparecer. Hoy la autoridad es la constructora de la realidad.

 

Todo esto, naturalmente es transitorio. Durará lo que dure el miedo al contagio a morirse o que la muerte nos llegue muy cerca.

 

Hay que estar muy atento en cómo estos cambios enormes afectan el estado de ánimo de la gente. Algo nos dicen las encuestas pero son apreciaciones muy globales, a veces muy parciales.

 

De allí el interés y el rol de los alcaldes que están más cerca para oír esos sentimientos más profundos. Ayer la demanda por la igualdad hoy por la supervivencia sanitaria y también económica.

 

Como hablábamos recién, así están las cosas, con este trastorno, con esta mutación del estado de ánimo hacia quienes nos dirigen, del rechazo al reconocimiento de su importancia. Como dije recién ello durará lo que dure la emergencia.

 

Una segunda consideración puede ser más duradera, el valor que ha adquirido el Estado, como el que organiza la batalla contra el virus, como el que atenúa el desastre económico producido por la epidemia y en el que confiamos para que nos conduzca a contener la epidemia y a recuperar nuestra economía.

 

A propósito de esta última frase y ello se hizo notar con motivo del discurso de nueva normalidad trastocado después a retorno seguro, a veces la autoridad y algunos empresarios dan la impresión que creen y predican que estamos ante una crisis en dos frentes que debemos atacar a la vez, el sanitario de un lado, el económico del otro. Creo que ese modo de ver las cosas contiene un grave error conceptual, en verdad estamos frente a una crisis sanitaria que amenaza la vida de la gente. Las medidas para salvarnos tienen consecuencias económicas que pueden sr catastróficas.

 

Poner el mismo nivel la salud y la vida y la economía no es una buena idea.

 

El principal deber que un Gobierno tiene es salvar la vida de los gobernados, de una guerra, una catástrofe, una epidemia. Entonces, atendamos primero la salud y resolvamos después las consecuencias económicas.

 

A propósito que hablamos de economía, nadie nos salva de una recesión. Cuan profunda y prolongada ella sea depende del éxito en contener la pandemia. El último IpoM del Banco Central nos dice que la economía caerá en el 2020 entre el 2.5 y el 3.5, si es que la pandemia se contiene en el primer semestre, siendo el segundo trimestre el más negativo. Mientras la actividad no se reinicie y no tome un ritmo sustantivamente más alto, el Estado es el que debe actuar y así lo ha hecho por la vía de dos paquetes fiscales y probablemente un tercero.

 

Todo lo anterior me permite afirmar, por un lado, que la economía chilena está en condiciones de resistir el embate, que no se derrumbó con el estallido social y sus consecuencias y, si las cosas siguen como están no se derrumbará ante la crisis sanitaria. Tenemos fortaleza fiscal e instituciones económicas sólidas, construidas en estos 30 años tan denostados. Se hizo bien el trabajo en ese tiempo en este terreno.

 

Por otro lado, mirando el debate sobre los paquetes fiscales y su aprobación en el Parlamento, podemos afirmar también que pese a su caída de legitimidad y popularidad la institucionalidad política chilena funciona.

 

El gobierno prepara los proyectos y el parlamento lo debate, lo modifica y los aprueba.

 

Hay mucha guerrilla entre unos y otros, pero no hay un bloqueo.

 

La economía resiste y las instituciones siguen funcionando.

 

Vamos ahora a dos o tres asuntos esenciales de la coyuntura.

 

La contención de la epidemia parece ir bien encaminada, todo indica que el peak de contagios llegará durante mayo, un poco más un poco menos y el peak de hospitalizados, unas tres semanas después.

 

¿Qué dudas caben en este terreno? Cuánto y con qué rapidez pueda expandirse el virus en los sectores populares de la capital y cuanto ello pueda afectar el curso de las cosas que parecen marchar hacia un equilibrio plano entre contagiados y recuperados. Probablemente por esa incógnita es que se han sumado a la cuarentena sectores de la zona metropolitana con poblaciones inmensas.

 

El número de testeos se ha elevado y si bien el número de casos se ha elevado también, no parecen alterarse unos ciertos equilibrios básicos que abren esperanzas de contención. En todo caso, veamos todo lo que pueda  ocurrir en sectores populares con muchas mayores dificultades para el confinamiento y la distancia social.

 

Si la epidemia se contiene en el primer semestre el país puede iniciar su recuperación en la segunda parte del año y recuperarse con rapidez en el 2021, como ha dicho el Presidente del Banco Central, hemos caído profundo, pero podemos tener rapidez en la recuperación.

 

Sin embargo saldremos de esta crisis más pobres y con más pobres.

 

En especial hay que mirar con mucha atención a la clase media en su segmento más bajo. Muchos de ellos volverán a la pobreza de la que salieron con tanto esfuerzo. El crecimiento de la pobreza será nuestro desafío global, pero éste retorno a la pobreza, de sectores que ingresaron a la clase media en los últimos años o décadas puede ser un fenómeno social muy significativo y con fuertes implicancias políticas.

 

¿Volverán o no las protestas después de la epidemia? No lo sabemos, no sabemos si más desocupación, más pobreza producirá estallido o desazón, protestas o búsqueda de protección.

 

Volviendo a la coyuntura.

 

El gobierno ha ganado terreno y la oposición no. El gobierno porque es el dueño de la agenda en la medida en que dirige la estrategia para enfrentar el problema principal, la epidemia. El gobierno, sin embargo, acompaña esta mayor fuerza relativa con errores políticos inexplicables.

 

Desde ya el Ministro de Salud, que debiera estar satisfecho con el éxito que va alcanzando, abre múltiples polémicas y comete excesos verbales.

 

El Presidente que anuncia antes de tiempo la nueva normalidad cuando aún no llegábamos al peak. Lo digo porque cuando estemos seguros que los contagios no aumenten podremos planear mejor lo que viene, no antes.

 

Al apresurarse tuvo que echar pie atrás en el retorno de funcionarios públicos y los colegios. El Presidente ha puesto como ejemplo a Alemania, pero Alemania reinició su actividad cuando estuvo segura que la epidemia estaba bajo control. En el caso nuestro las proyecciones dicen que esto ocurrirá entre mayo y junio, pero es todavía una proyección, no una realidad. Lo grave de este apuro es que da la impresión que se pone en un mismo nivel la vida y la economía.

 

Como si esto fuera poco, ahora el Presidente propuso, sugirió, insinuó postergar el plebiscito.

 

Francamente hablando ese sí fue un error descomunal.

 

No es consistente afirmar, incluso antes de tiempo, que nos podemos normalizar ahora (funcionarios públicos, mall y colegios) y no podemos votar en octubre. Ambas afirmaciones no caben en una caja de zapatos. Las señales contradictorias son las que generan desconfianzas, que es lo último o lo peor que nos podría ocurrir.


Entiendo bien el ánimo de quien estaba sometido a una desaprobación mayor y ha pasado a tener una aprobación interesante. Eso lo hace más poderoso, pero no omnipotente para hacer imposibles.

 

Normalizarse para comprar y no normalizarse para votar. Eso no vale, no existe.

 

Por otro lado, el plebiscito fue un acuerdo político en un momento en que el Presidente pudo caer con daño a todo el país. Imaginarse que ahora puede desconocer el acuerdo que lo salvó es la peor idea que se le pudo ocurrir.

 

Un párrafo final sobre la oposición. El Presidente Ricardo Lagos dijo que la oposición no daba el ancho. Ello generó un debate interesante. Por un lado, se resaltó el rol positivo de la oposición aprobando los proyectos del gobierno en el parlamento y por otro se subrayó en las propias filas de la oposición la ausencia de un proyecto común o a lo menos de una vocería común. Mal momento para fuerzas políticas que gobernaron el país con tanta fortaleza.

 

Por otro lado, corremos el riesgo que crezcan iniciativas y proyectos de ley que buscan resolver problemas urgentes con soluciones rápidas que no son sustentables en el tiempo. Ello se llama populismo en cualquier parte del mundo.


Una palabra final, muchas reformas se han visto postergadas por las urgencias de hoy. Cuidado con que terminemos este periodo presidencial sin la reforma a las pensiones.

 

Uno de los elementos más delicados presentes en el estallido social fueron las bajas pensiones. Si esto no se resuelve las consecuencias sociales y políticas pueden ser muy negativas.

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